Cogí mis cosas, armé el equipaje, me subí al avión, llegué al aeropuerto de Malta y un tipo muy dispuesto me recogió en una furgoneta para llevarme a Sprachcaffe, la escuela de Malta por donde he estado dos semanas estudiando inglés. Aunque no tengo del todo claro si la palabra es estudiar o simplemente mejorar o practicar, porque la verdad es que poco ha tenido que ver con el concepto de estudiar inglés que tenemos en España. Os cuento mejor…

Como todos sabemos, hablar inglés es fundamental. Es muy probable que lo estés buscando para usarlo en tu día a día, para encontrar trabajo o que, como es mi caso, simplemente lo quieras para entenderte con todo el mundo cuando viajas. El caso es que está claro que es mucho más que útil.

Para mejorar este idioma, muchos elegimos tener una experiencia real. Dejarnos del clásico planteamiento de pupitre y libros para lanzarnos a la aventura. Unos se van a Inglaterra, otros cruzan el charco y otros… pues nos venimos a Malta, una isla donde aparte de aprender puedes hacer innumerables actividades y visitas guiadas. Pero vamos paso por paso.

Aquí en Sprachcaffe hay clases adaptadas para todas las edades y niveles. Desde cursos de unas pocas horas hasta intensivos que ayudan a sacarte una titulación en un tiempo reducido. Por ejemplo, Maarten, un holandés que ha sido mi compañero de piso durante el tiempo que he estado aquí, ha venido con la intención de sacarse un título reconocido por Cambridge. Hay de todo. Unos compañeros se habían venido a pasar unas semanas como he hecho yo, y otros llevaban varios meses en la escuela cuando yo llegué, ¡y aún les quedaban más!

Aquí te dejo un vídeo en el que te explico todo sobre cómo es estudiar inglés en Malta:


El curso que yo he hecho ha sido un standard, con menos horas que un intensivo. Mi intención era aprender inglés, pero también quería exprimir Malta, por lo que preferí implicarme con las clases solo por las mañanas para poder tener las tardes libres. Y la cosa ha funcionado así: he entrado a clase a las 9 y he acabado a las 12, con un descanso de por medio. De esta forma de lunes a viernes.

Antes decía lo de que la palabra correcta quizás no sería estudiar, porque a mí estudiar cuando me dan vacaciones en el trabajo no es lo que más me apetece, la verdad… pero esto se me ha hecho muy ameno.

Mi intención era aprender inglés, pero también quería exprimir Malta

Álex, un profesor muy joven, ha sido quien me ha enseñado inglés durante estos días. Nada de clases aburridas ni ganas de levantarte de la silla. Ha sabido hacer las clases participativas, con ejercicios grupales y mucha energía para motivarte a mantener el libro abierto, que a veces no es del todo fácil teniendo Paceville al lado (para los que no sepáis lo que es, es una zona de fiesta muy… muy loca, por decirlo de alguna forma).

Pero ojo, que el aprendizaje no acaba en el aula. Y ésta es la parte que más me apetece destacar. En la escuela hay muchas actividades para hacer cada semana, y, claro, no las haces solo. ¿Con quién vas? Pues vas con la gente que conoces en Sprachcaffe: tus compañeros de clase, tus compis de apartamento, la gente que conoces en la piscina por la tarde, etc. Así que, aunque no te esté costando esfuerzo, el inglés sigue presente durante todo el día (¡pon un poco de tu parte en que esto pase así acercándote a la gente de otros países!).

Además, en los pisos de los que dispone la escuela para alojarte hay una gran multiculturalidad. O al menos así ha sido durante mi estancia. Algunos prefieren hacer una inmersión lingüística con alguna familia de habla inglesa; otros cogen apartamento compartido, en el que pueden tener habitación individual o con otra persona; y hay algunos otros que escogen la opción de apartamento para ellos solos.

Yo estuve en uno de los que pone la escuela, en unas instalaciones muy acogedoras que antes eran una base militar. Y si tuviera que escoger ahora, optaría por esta opción. Aquí tienes el buen rollo de estar siempre con un montón de gente, tener la escuela con su piscina a un paso y, sobre todo, te animas a sumarte a los planes que ideen el resto.

Y es que si estás es Malta es normal que quieras ir a Coral Lagoone, una cala impresionante con un agujero enorme para bucear entre “cristal”; pasear por La Valetta, la capital de la isla; ver los fuegos de Marsaxlok, un pueblo pesquero muy acogedor; visitar la isla de Gozo; o salir de fiesta por Paceville. Es normal y todos lo hacemos. Yo lo hice la última vez que estuve en este país y lo he vuelto a hacer ahora cinco años después. En Paceville no me he notado tan enérgico, pero se ha hecho lo que se ha podido… 🙂

Aquí te dejo un vídeo contándote todo lo que puedes ver en Malta:

Y lo guay es que todo esto, como ya te he contado, te apetece hacerlo con la gente que conoces por aquí: un mejunje de personas de tropecientos países. Así que estás, como hemos dicho ya, obligado a hablar en inglés. No te queda otra si quieres que te entiendan, claro.

El balance final de la experiencia es muy positivo. En dos semanas, que era el tiempo que he tenido en el trabajo para poder ir para allá, he recordado lo que ya sabía pero que estaba por ahí perdido en el baúl de los recuerdos, y he aprendido muchas otras cosas. Si me hubiera quedado un par más, quizás hubiera podido subir de nivel. Pero eso de momento lo dejamos para el verano que viene.

Como este viaje ha sido posible gracias a Sprachcaffe, que tiene cursos de idiomas por un montón de países de Europa, la gente de la escuela me ha dejado un código para que los que decidáis lanzaros a la aventura podáis hacerlo con un descuentaco. A través de este enlace, y poniendo PEGAMEUNVIAJE al contratar el curso, os podéis ahorrar hasta 200 euros. ¡No os olvidéis de exprimir la experiencia!

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