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Salí desde Toronto en dirección a las Cataratas del Niágara junto con Manu, un amigo que me acompañaba a visitar esta maravilla natural. Abrimos nuestro mapa, empuñamos la cámara para sacar la mejor foto y nos plantamos allí, en las famosas cascadas que esconde este rincón de Canadá. Hoy comparto contigo siete cosas importantes para que las tengas en cuenta a la hora de ver las Cataratas del Niágara.

Cómo ir desde Toronto

Si vais desde Toronto como hice yo, tenéis varias opciones de transporte para elegir. La primera es alquilar un coche, que os va a costar entre 40 y 50 dólares y vais a tardar en torno a una hora y media en llegar.

Otra opción (por si os da miedo conducir pero os apetece el “lujo” del coche) es coger un Uber. Te cobrarán entre 60 y 150 dólares, dependiendo del momento y de la suerte que tengas.

La tercera y última es la que hemos hecho Manu y yo, coger un autobús que nos ha costado 45 dólares ida y vuelta. La opción más económica sin duda.

No estarás solo

Cada año visitan las Cataratas del Niágara entre 12 y 14 millones de personas, lo que certifica que es uno de los principales atractivos naturales del mundo.

Desde Table Rock House, nuestro punto de salida, nos quedó bastante claro este punto, y eso que el día que nosotros pisamos aquello hacía un frío de miedo (una semana después se quedaron congeladas).

Lo peor de las Cataratas del Niágara

La única cosa mala del lugar, y haced el favor de no buscar más información (modo madre), es que son bastantes las personas que han decidido usar esta enorme masa de agua para poner un punto y final a sus vidas.

De hecho, se ha dado el caso de turistas que han grabado un episodio tan trágico como éste sin darse ni cuenta. Imaginad qué impresión se llevaron luego…

Para qué se aprovechan

Cuando estéis allí, comprobaréis la increíble fuerza que tiene el río. Una fuerza que se confirmó por primera vez hace más de 250 años, cuando se empezó a aprovechar.

Primero la energía se utilizó para lo aldededores, iluminar la cascada, etc., y más tarde, gracias a Nikola Tesla, se llevó hasta Búfalo, una localidad a más de 30km de las cataratas. Hoy el río Niágara es una fuente de energía importantísima (podrás ver una antigua central hidroeléctrica si te das un paseo contorneándolo).

Formas de visitar las cataratas

Hay varias formas de ver esta enorme caída de agua. Podéis verla desde el paseo, que es lo más habitual; podéis hacerlo también en barco, que se acercará más o menos a la caída de agua dependiendo del tiempo que haga; o por último, como flipada máxima, tenéis la opción del helicóptero.

Espero que si te subes en el helicóptero no te olvides de contarme luego cómo ha ido. 😁👉

Curiosidades

Hasta 14 personas han tratado de saltar por las Cataratas del Niágara (esta vez con el objetivo de salir ilesos). Algunos de ellos lo han conseguido, pero otros han tenido un final muy trágico.

Bobby Leach, con una edad importante, fue el primer tipo que logró la hazaña. Entre los que lo han conseguido está el famoso ilusionista estadounidense David Copperfield.

Un último consejo

Al margen del atractivo turístico principal, hay una localidad que dicen que no te puedes perder: Niagara on the lake. Yo me la jugué yendo cuando ya era de noche y quizás no lo tendría que haber hecho. Fue un paseo muy agradable, con luces navideñas y olor a villancico, pero el tramo que tuvimos que hacer hasta llegar allí fue demasiado largo para lo que nos encontramos.

Ahora bien, te habló de una noche de invierno. Habiendo visto fotos de Niagara on the lake de día, con las casas al borde del lago, las terrazas y el color verde, solo te puedo decir una cosa: cuando vuelva a pisar las Cataratas del Niágara, le daré una segunda oportunidad.

Para que puedas hacerte una idea todavía mejor del sitio, he grabado un vídeo donde aparte de contarte estos consejos te los enseño con la ayuda de Manu:

Cogí mis cosas, armé el equipaje, me subí al avión, llegué al aeropuerto de Malta y un tipo muy dispuesto me recogió en una furgoneta para llevarme a Sprachcaffe, la escuela de Malta por donde he estado dos semanas estudiando inglés. Aunque no tengo del todo claro si la palabra es estudiar o simplemente mejorar o practicar, porque la verdad es que poco ha tenido que ver con el concepto de estudiar inglés que tenemos en España. Os cuento mejor…

Como todos sabemos, hablar inglés es fundamental. Es muy probable que lo estés buscando para usarlo en tu día a día, para encontrar trabajo o que, como es mi caso, simplemente lo quieras para entenderte con todo el mundo cuando viajas. El caso es que está claro que es mucho más que útil.

Para mejorar este idioma, muchos elegimos tener una experiencia real. Dejarnos del clásico planteamiento de pupitre y libros para lanzarnos a la aventura. Unos se van a Inglaterra, otros cruzan el charco y otros… pues nos venimos a Malta, una isla donde aparte de aprender puedes hacer innumerables actividades y visitas guiadas. Pero vamos paso por paso.

Aquí en Sprachcaffe hay clases adaptadas para todas las edades y niveles. Desde cursos de unas pocas horas hasta intensivos que ayudan a sacarte una titulación en un tiempo reducido. Por ejemplo, Maarten, un holandés que ha sido mi compañero de piso durante el tiempo que he estado aquí, ha venido con la intención de sacarse un título reconocido por Cambridge. Hay de todo. Unos compañeros se habían venido a pasar unas semanas como he hecho yo, y otros llevaban varios meses en la escuela cuando yo llegué, ¡y aún les quedaban más!

Aquí te dejo un vídeo en el que te explico todo sobre cómo es estudiar inglés en Malta:


El curso que yo he hecho ha sido un standard, con menos horas que un intensivo. Mi intención era aprender inglés, pero también quería exprimir Malta, por lo que preferí implicarme con las clases solo por las mañanas para poder tener las tardes libres. Y la cosa ha funcionado así: he entrado a clase a las 9 y he acabado a las 12, con un descanso de por medio. De esta forma de lunes a viernes.

Antes decía lo de que la palabra correcta quizás no sería estudiar, porque a mí estudiar cuando me dan vacaciones en el trabajo no es lo que más me apetece, la verdad… pero esto se me ha hecho muy ameno.

Mi intención era aprender inglés, pero también quería exprimir Malta

Álex, un profesor muy joven, ha sido quien me ha enseñado inglés durante estos días. Nada de clases aburridas ni ganas de levantarte de la silla. Ha sabido hacer las clases participativas, con ejercicios grupales y mucha energía para motivarte a mantener el libro abierto, que a veces no es del todo fácil teniendo Paceville al lado (para los que no sepáis lo que es, es una zona de fiesta muy… muy loca, por decirlo de alguna forma).

Pero ojo, que el aprendizaje no acaba en el aula. Y ésta es la parte que más me apetece destacar. En la escuela hay muchas actividades para hacer cada semana, y, claro, no las haces solo. ¿Con quién vas? Pues vas con la gente que conoces en Sprachcaffe: tus compañeros de clase, tus compis de apartamento, la gente que conoces en la piscina por la tarde, etc. Así que, aunque no te esté costando esfuerzo, el inglés sigue presente durante todo el día (¡pon un poco de tu parte en que esto pase así acercándote a la gente de otros países!).

Además, en los pisos de los que dispone la escuela para alojarte hay una gran multiculturalidad. O al menos así ha sido durante mi estancia. Algunos prefieren hacer una inmersión lingüística con alguna familia de habla inglesa; otros cogen apartamento compartido, en el que pueden tener habitación individual o con otra persona; y hay algunos otros que escogen la opción de apartamento para ellos solos.

Yo estuve en uno de los que pone la escuela, en unas instalaciones muy acogedoras que antes eran una base militar. Y si tuviera que escoger ahora, optaría por esta opción. Aquí tienes el buen rollo de estar siempre con un montón de gente, tener la escuela con su piscina a un paso y, sobre todo, te animas a sumarte a los planes que ideen el resto.

Y es que si estás es Malta es normal que quieras ir a Coral Lagoone, una cala impresionante con un agujero enorme para bucear entre “cristal”; pasear por La Valetta, la capital de la isla; ver los fuegos de Marsaxlok, un pueblo pesquero muy acogedor; visitar la isla de Gozo; o salir de fiesta por Paceville. Es normal y todos lo hacemos. Yo lo hice la última vez que estuve en este país y lo he vuelto a hacer ahora cinco años después. En Paceville no me he notado tan enérgico, pero se ha hecho lo que se ha podido… 🙂

Aquí te dejo un vídeo contándote todo lo que puedes ver en Malta:

Y lo guay es que todo esto, como ya te he contado, te apetece hacerlo con la gente que conoces por aquí: un mejunje de personas de tropecientos países. Así que estás, como hemos dicho ya, obligado a hablar en inglés. No te queda otra si quieres que te entiendan, claro.

El balance final de la experiencia es muy positivo. En dos semanas, que era el tiempo que he tenido en el trabajo para poder ir para allá, he recordado lo que ya sabía pero que estaba por ahí perdido en el baúl de los recuerdos, y he aprendido muchas otras cosas. Si me hubiera quedado un par más, quizás hubiera podido subir de nivel. Pero eso de momento lo dejamos para el verano que viene.

Como este viaje ha sido posible gracias a Sprachcaffe, que tiene cursos de idiomas por un montón de países de Europa, la gente de la escuela me ha dejado un código para que los que decidáis lanzaros a la aventura podáis hacerlo con un descuentaco. A través de este enlace, y poniendo PEGAMEUNVIAJE al contratar el curso, os podéis ahorrar hasta 200 euros. ¡No os olvidéis de exprimir la experiencia!

Siempre pasa. Si ya te cruzas con situaciones atípicas cuando estás en tu ciudad, cuando sales de ella a veces se arman unas que no veas. Yo creo que es porque vives mucho más en mucho menos tiempo y porque fuera de tu zona habitual las cosas a menudo resultan extrañas. Hoy me ha parecido curioso recoger algunas de las anécdotas más curiosas que me han pasado estando de viaje para contártelas al detalle.

1. El conductor interesado

En Filippiada, en Grecia, tuve que hacer autoestop con una amiga para moverme hasta una localidad cercana. No había autobús ni ningún otro medio de transporte. Después de un buen rato con el pulgar arriba, paró un coche. Pero lejos de lo que te imaginas, no fue nuestra salvación.

El conductor redujo la velocidad y atendió a la petición de mi compañera, que sujetaba un cartel en el que habíamos escrito el nombre de nuestro destino. Pero de pronto se dio cuenta de algo con lo que no contaba.

Mi turno de hacer autoestop ya había pasado, y mientras ella hacía el suyo yo descansaba en un muro a la sombra, a unos cuantos metros de distancia. Ella se acercó feliz hasta donde estaba yo para decirme que un coche había parado, y cuando el conductor descubrió que yo iba en el pack… ¡PUM! Acelerón y aquí no ha pasado nada.

2. El Blablacar más “crack”

Cuando me di cuenta ya era tarde; un despiste me había hecho bajar del autobús olvidando mi maleta en la bodega. De pronto me entró el agobio porque faltaban muy pocos minutos para que un tipo con el que había contactado a través de Blablacar viniera a recogerme con su coche (el autobús no me dejaba en mi parada definitiva, todavía me quedaban más de dos horas de camino). Pensé: “Si no tengo la maleta, ¿qué hago?, ¿me quedo en esta ciudad a buscarla o me subo al coche con él y ya arreglaré este asunto?”.

Localicé a la empresa de autobuses y me dijo que mi maleta ya estaba en Catania, en Sicilia, y que si quería la podían dejar en una oficina de por allí para que no siguiera dando vueltas. Les dije que sí.  En ese momento llegó Graziano con su coche, el señor con el que había quedado para que me llevara al sur de la isla.

Si no tengo la maleta, ¿qué hago? -pensé muuuy agobiado

Abrí la puerta y le dije lo que me pasaba: “Hola, Graziano. Tengo un problema y no me voy a poder ir contigo porque me he dejado la maleta en el bus”. Contra todo pronóstico, sonrió y me dijo: “¡Anda, sube! Vamos a buscarla”. Y eso hizo. Condujo hasta Catania, aparcó el coche y me acompañó a cuatro oficinas distintas para dar con mi equipaje.

3. El mejor calefactor para una congelación

En Strandhill, Irlanda, se cruzó en mi camino Chris, un señor de los que inspiran y se posicionan como referente. Fue una pieza fundamental en un momento de pura congelación. Te cuento…

Strandhill es una playa donde el mar ruge muy bien, siempre está lleno de surfistas en busca de buenas olas. Y allí estaba yo también. Después de unos meses viviendo en una ciudad sin costa, mis ganas por hacer un poco de surfing estaban por las nubes. Aunque tenía un “pequeño” problema: no tenía equipo, ni tabla, ni neopreno, y tampoco había ninguna tienda para alquilarlo.

Todo se puso a rodar enseguida. Escribí a un famoso surfista de la zona y recibí una respuesta increíble. “Mi casa está en la calle x, la puerta está abierta y tienes la tabla en la esquina. Ven cuando quieras”, me dijo.

Y eso hice, fui para allá y la cogí. Aunque el neopreno no me lo pudo prestar, y no porque se negara… Lamentablemente le sacaba unos 15 cm de altura.

Luego, en la playa, un alemán me solucionó el tema del neopreno. Me prestó uno que había por su maletero, uno muy fino, de los que uso yo en el Mediterráneo en otoño o primavera. Y claro, era invierno y estábamos en Irlanda.

El caso es que salí del agua más pronto de lo previsto y con las manos, la cabeza y los labios congelados. Me empecé a cambiar en el mismo paseo que contorneaba la costa y, estando semidesnudo, se me acercó Chris. “Está fría el agua, eh”, apuntó este fenómeno.

Chris superaba los 65 años y todos los días hacía un recorrido de decenas de kilómetros para llegar hasta allí. Sus gracietas y su buena conversación me hicieron apartar el frío de la parte de mi cabeza que se encarga de pensar, y hasta cantamos juntos la canción de Annie.

Sé que esto último puede sonar raro, ¿quién canta Annie semidesudo y congelado en un paseo de Irlanda con un señor que acaba de conocer? Pero… seguro que a ti también te han pasado cosas así.

Si tienes un hueco, pásate por mis redes y cuéntamelas, que seguro que me alegras el día.

Ah, por cierto… Por suerte, como sabes, siempre empuño la cámara, así que puedes ver grabadas todas estas anécdotas (y dos más bastante curiosas) en el vídeo que te dejo a continuación: